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Artículo de José
Antonio Younis Hernández. Profesor
titular de Psicología Social, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=680
LA PRESENCIA DE LOS PSICÓLOGOS EN LOS MEDIOS DE
COMUNICACIÓN
Conozco la historia real de un padre que nunca
dejaba a su hija comer golosinas, porque, decía a su pequeña, eran veneno. Como
suele pasar en estos casos, la niña probó "veneno" a escondidas de su
padre. En cierta ocasión, al pasar por una tienda, la niña soltó a bocajarro:
"papi, cómprame de ese veneno tan bueno".
Esta historia nos sirve para ilustrar el primer
punto de nuestra reflexión sobre la presencia de los psicólogos en los medios
de comunicación: los psicólogos son útiles cuando se trata de programas
infantiles con intencionalidad educativa. Nuestra función es impedir que niños
y niñas se estropeen los "dientes" con la posible "caries
mental" que provoca la golosina mediática, especialmente de la televisión,
pues la poca programación educativa que existía en la radio fue barrida incluso
por la BBC por su poca rentabilidad económica.
En realidad, cuando se trata de llevar a la televisión las mismas
funciones que la escuela, entonces sí somos necesarios los psicólogos.
Este requerimiento lleva implícito una doble concepción ideológica. En primer
lugar, se tiene la idea
equivocada de que sólo educan los programas con intencionalidad educativa.
Si los promotores de las instituciones mediáticas hicieran caso de los estudios
realizados, verían que los
niños aprecian especialmente programas no educativos dirigidos a la población
adulta, que los consumen más que los propiamente dirigidos a ellos y que
de estos programas aprenden muchas más cosas del mundo adulto, el cual les
atrae más y que necesitan conocer para adaptarse. Es evidente que la noción de
infancia como ángel (a proteger y conservar inocente) o demonio (a corregir, domesticar
y disciplinar) sigue vigente en las dicotomías mentales de la mitología
posmoderna y, a los psicólogos en los medios de comunicación, nos trasladan el
oficio de educar convenientemente a ángeles y demonios para que no se
intoxiquen con los venenos de las despensas mediáticas.
En segundo
lugar, se reduce el papel del psicólogo y se le identifica con infancia y
educación (intencional) Acentuar la función educativa del psicólogo y
relegarlo al mundo infantil, lo desvía de su función preventiva a ejercer, por
otra parte, en cualquier otro programa. A pesar de estudios y opiniones
expertas respecto a la ventaja que supone diseñar campañas de prevención en el
contexto de mensajes de entretenimiento, apenas se ha utilizado este recurso.
De la misma forma que las películas norteamericanas cultivaron sistemáticamente
una imagen del indio salvaje y primitivo, asesino y sádico, se pueden inocular significados
en el contexto de series televisivas, radio o cine que ayuden a crear el
necesario cambio de actitudes, como el estímulo que supuso el cáncer de
mama de un personaje del <<culebrón>> Cristal para que las mujeres
decidieran hacerse una revisión médica.
A la luz de lo discutido hasta aquí, concluimos que
la política oficial
determina en parte el tipo de aportaciones que los psicólogos puedan hacer,
-y si pueden hacerlas-, a los medios de comunicación. Y en parte somos los
propios psicólogos quienes debemos demostrar, a los que dirigen las políticas
sociales de los medios, que somos necesarios.
Debemos convencer más allá de la mera presencia en
tertulias, en programas de opinión o como expertos al por menor en los retales
de ocasión que ofrecen algunos medios para que ejerzamos como creadores de
opinión pública.
Los signos de autoridad racional emanados de la
psicología, han sufrido el golpe de Estado de los líderes de opinión. La
conducción del significado de las acciones humanas está ahora en manos del
sistema valorativo-normativo de los medios de comunicación.
Por ejemplo, una vez me llamó la prensa para que
opinara sobre el asesinato cometido en Madrid a partir del Juego de Rol;
contesté que no había reflexionado suficientemente sobre el asunto, así y todo
sacaron a relucir la opinión que yo mismo había devaluado. Como era y soy
profesor universitario, que es lo que cuenta para el sistema de legitimación de
la opinión pública, la periodista escribió lo que yo le había expresado
telefónicamente sólo como duda, transcribiéndolo como opinión experta,
cumpliéndose así el hecho mass mediático de que la verdad no importa, sino la verosimilitud.
Los psicólogos han hecho su mayor número de
aportaciones desde el campo de investigación de los medios masivos, más que
desde una presencia profesional efectiva en los medios. Sin embargo, incluso
para el psicólogo investigador, estar dentro del medio no le ayuda a que
gestores y programadores asuman las recomendaciones destiladas de las
investigaciones encargadas por ellos mismos.
El párrafo anterior nos lleva a una discusión
fuerte del carácter político e ideológico que puede tener la presencia del
psicólogo en los medios de comunicación, pues tropezamos con dos lógicas o
discursos contrapuestos. Los
medios de comunicación pueden hacer del psicólogo un mero oficiante de las
necesidades mediáticas o bien un verdadero propulsor de las necesidades
socio-humanas.
El discurso mediático se guía más por imperativos
de economía política, de marketing, de cómo vender mejor audiencia a los publicitarios.
Si para ello hay que mantener mensajes alienantes, que en nada facilitan una
mejor toma de conciencia de las condiciones de vida que hagan más libre al
ciudadano y a la ciudadana, todo vale si se habla con el idioma del valor de
cambio. En este caso, la ceremonia social de la confusión está servida,
haciendo de los psicólogos sacerdotes de una misa donde no pueden decir su
sermón.
Para convencer, necesariamente, los psicólogos
necesitan formarse en los medios de comunicación y establecer relaciones con
otros profesionales de los medios. Desgraciadamente, esta precariedad y las
fórmulas para su alisamiento, distan de estar resueltas institucionalmente. El
profesor Pablo del Río es, tal vez, el único que en nuestro país ha promovido
institucionalmente una formación al respecto.
Los medios
de comunicación utilizan la psicología más que a los psicólogos. Es más, la
propia programación de algunos medios asume funciones psicológicas y de
psicólogo.
Que se haga esto último sin los psicólogos y al margen
de la psicología puede crear inestabilidad o frustraciones en los participantes
si no se previene adecuadamente lo que se va a hacer. Sobre todo si se piensa
que estos programas nacieron más bien como nuevas fórmulas de rentabilidad
económica que abarataban costes de producción incorporando al espectador como
actor gratuito, más que desde una intención de ayuda y apoyo social a la
población.
La televisión se propone como casamentera o agencia
matrimonial en, por ejemplo, <<Todo lo que necesitas es amor>>; o
como terapeuta en <<Confesiones>>. La televisión ayuda a crear
nuevas familias con <<Todo lo que necesitas es amor>> y, al mismo
tiempo, con el mismo programa, asume funciones integradoras y de psicoterapeuta
tratando de recomponer familias o parejas descompuestas. Esta última función
casi nunca consigue realizarse cuando se trata de familias rotas. El fracaso
estrepitoso de <<Perdóname>> confirma que los verdaderos problemas
familiares son difíciles de atajar desde el "cielo azul" de la
pantalla televisiva. Cuando se trata de parejas jóvenes, separadas por
conflictos de poca espesura, el papel integrador de la TV tiene más
posibilidades de éxito.
Pero la televisión en España no sólo actúa
directamente para "crear" o recomponer parejas o familias, sino que
se convierte en un gigantesco test proyectivo, en una inmensa prueba evaluadora
que diagnostica la coherencia interna de la pareja (<<Su media
naranja>>). Tal vez sin proponérselo, hacen intervención de pareja, a
modo de una especie rara de psicoterapia de familia en la que el presentador
hace de psicoterapeuta con su presencia reguladora.
Estos y otros ejemplos podrían servir para ilustrar
las nuevas funciones psicológicas de la televisión y las consecuencias que
podría tener el no prevenir adecuadamente, desde la psicología y los
profesionales de la psicología, los efectos en las personas por las distintas
situaciones planteadas. No siempre es posible intervenir efectivamente desde
los medios, y, al hacerlo, el psicólogo debe contar con algo más que la
mediación tecnológica del medio, esto es, debe contar además con la mediación
humana fuera del medio. Contamos
con estudios que nos indican que la intervención e interacción posterior con
los adultos, más que cualquier programa educativo en sí mismo, es el que
contribuye a la mejora del desarrollo de niños y niñas que ven programas
educativos (Barrio Sésamo, por ejemplo). Más aún, basándonos en la
hipótesis de la teoría de los desniveles de conocimiento, aquellos
individuos pertenecientes a familias con estatus social más bajo, con menos
recursos culturales, educativos, cognitivos e informativos iniciales, obtendrán
menos beneficios de la influencia de los medios que aquellos otros con estatus
más alto.
¿Qué podemos concluir de toda esta serie de
reflexiones? Abogamos por la presencia de psicólogos en los medios, a pesar de
todas las contradicciones políticas e ideológicas aparejadas a la propia
dinámica de aquéllos y que debe sufrir el psicólogo. Esta presencia está
todavía muy débilmente institucionalizada y requiere no sólo formación sobre la
"cultura de funcionamiento de los medios", sino que los psicólogos
debemos empezar a tomar conciencia, en palabras de uno de nuestros más
reconocidos colegas, Bronfenbrenner, que, “la ciencia elemental necesita a la política oficial aún
más de lo que la política oficial necesita a la ciencia elemental”.
RESUMEN
Introducción
El texto trata sobre la función que deberían desempeñar los
psicólogos en los medios de comunicación, según la óptica de José Antonio
Younis Hernández, Profesor titular de Psicología Social, Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria.
En el párrafo 3, el autor nos dice que cuando se quiere
tratar a los medios de comunicación como un medio de educación, esto no puede
realizarse sin la participación de la psicología o un profesional apto para
tratar esta ciencia. No se debe omitir el dato de que los niños se ven más
interesados en programas no educativos para adultos, que les ayudan a adaptarse
a su futura realidad.
En el párrafo 5, se escribe sobre el mito de que el
psicólogo debe estar asociado a la escuela y/o a la infancia y desprecia la
capacidad de un buen análisis psicológico, que puede aportar a cambiar
actitudes en la población que consume los productos de los medios.
El párrafo 6, indica que la política oficial es la que
determina el tipo de aportaciones que está permitido a los psicólogos.
El párrafo 9, nos relata una historia que le sucedió al
autor, donde, el medio toma palabras del profesional mental, y, sin esperar una
aseveración, sino con una sola pregunta, toma como verdad lo dicho por el
entrevistado, dejando la sensación de que no se busca la verdad, sino, poder
avalar con un nombre las propias suposiciones.
El párrafo 11, describe las posibilidades que tiene el medio
de comunicación sobre el psicólogo, haciéndolo un simple títere, o como
eufemísticamente dice el texto, oficiante de una misa social. Lo expone en el
párrafo 12 en forma de ejemplo.
Párrafo 14, los medios de comunicación utilizan la
psicología más que a los psicólogos. Es más, la propia programación de algunos
medios asume funciones psicológicas y de psicólogo.
Párrafo 18, se aporta el dato de que el autor cuenta con
estudios que indican que la intervención e interacción posterior con los
adultos, más que cualquier programa educativo en sí mismo, es el que contribuye
a la mejora del desarrollo de niños y niñas que ven programas educativos.
El párrafo 19, concluye con las palabras de Bronfenbrenner: “la
ciencia elemental necesita a la política oficial aún más de lo que la política
oficial necesita a la ciencia elemental”.
Conclusiones
Los psicólogos son rehenes de los medios y de la política
oficial, lo moralmente correcto, si desean dar a conocer sus ideas, deben dejar
de lado verdaderos aportes que podrían realizar, y contentarse con tener o
mantener un pequeño espacio en los medios de comunicación.
ENSAYO SOBRE LAS REDES SOCIALES, EL CAMBIO QUE SE PRODUCE EN EL LENGUAJE
ENSAYO SOBRE LAS REDES SOCIALES, EL CAMBIO QUE SE PRODUCE EN EL LENGUAJE
Cuando uno ingresa a las redes sociales, muchas veces es un ser distinto al que se presenta frente a personas de "carne y hueso", muchos se desinhiben, hay quienes son más celosos con su vida privada y no dejan que nadie a quien no haya aceptado como amistad, fisgonee en esta extensión de su vida. Sin embargo, no se puede esconder (muy a pesar del uso de correctores ortográficos en los mismos sitios de vida social), el nivel de ortografía, y la calidad que cada individuo tiene en el manejo del lenguaje. Es de notar, que la mayoría de barbaridades ortográficas, se da en poblaciones que no han alcanzado la mayoría de edad. No quiero decir con esto, que otros segmentos de edad no sean proclives a cometer dichas barbaridades, pero como pretendo explicar, tiene relación directa con el cambio de época que se vive.
La cantidad de literatura "antigua" que una persona haya consumido en su vida es directamente proporcional a la calidad de su ortografía y gramática. Por literatura "antigua" me refiero a libros de papel, ese material casi desconocido hoy para muchos jóvenes, y que sin embargo, ha sido toda la vida de generaciones anteriores. En esta época, que la llaman "era de la información", los barbarismos son inevitables, ya que los que ahora son los más grandes usuarios de redes sociales, 133 545 120 usuarios en latinoamérica (1), incluyendo Brasil, han crecido durante el "boom" de la computación, el internet y la "superconectividad (estar permanentemente conectado, cualquiera sea el dispositivo)". Por tanto, es inevitable que el lenguaje vaya variando hacia las nuevas tendencias, y no necesariamente es algo malo.
La gente, últimamente, escribe como habla, por tanto, no se puede endosar al uso de redes sociales el continuo desgaste de nuestro idioma, es algo que siempre se ha dado, ya no se habla de "fazer", ahora se dice"hacer", tantos cambios a través del tiempo, éste es sólo uno más, la desaparición de la "V" en palabras como "LA CIVDAD I AVDIENCIA DE QVITO" (2), que se usaba durante la colonia, específicamente en tiempos de la Real Audiencia de Quito, ya no está más vigente, por tanto, no debemos asustarnos de los cambios que van apareciendo en otras formas de escritura que ahora se usan.
El permanente uso de la herramienta "corrector ortográfico" en varios programas, son otra razón de la precarización del lenguaje escrito en las redes sociales. Basta con ver una línea roja, y sabes que debes hacer click derecho para evitar quedar como un iletrado, pero el corrector ortográfico no lo puede hacer todo, siempre se puede fallar, ya que el diccionario no es perfecto, y depende del uso y la actualización que uno mismo haga de los términos que allí se encuentran (3).
Por tanto, los cambios, vienen dándose, y no van a terminar ahora, es cierto que lo que se ve en los "muros" y "tweets" da un serio calambre al ojo, pero no es algo que no haya sucedido antes. Debemos convivir con esta era, que sintetiza y resume todo, incluso una palabra o sílaba, en fonogramas ininteligibles para otras personas, pero no se desanimen, a la final, no todos los cambios propuestos o impuestos por el uso han sido aceptados por la Real Academia de la Lengua, y para quienes amamos la literatura, siempre habrá alguien, que esté dispuesto a teclear un poco más, en favor de la belleza.
(1) http://www.eldiariofenix.com/content/los-usuarios-de-facebook-en-porcentajes-s%C3%A1cale-rendimiento-la-estad%C3%ADstica
(2) http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/1011/es/image/
(3) http://support.microsoft.com/kb/322198/es
El permanente uso de la herramienta "corrector ortográfico" en varios programas, son otra razón de la precarización del lenguaje escrito en las redes sociales. Basta con ver una línea roja, y sabes que debes hacer click derecho para evitar quedar como un iletrado, pero el corrector ortográfico no lo puede hacer todo, siempre se puede fallar, ya que el diccionario no es perfecto, y depende del uso y la actualización que uno mismo haga de los términos que allí se encuentran (3).
Por tanto, los cambios, vienen dándose, y no van a terminar ahora, es cierto que lo que se ve en los "muros" y "tweets" da un serio calambre al ojo, pero no es algo que no haya sucedido antes. Debemos convivir con esta era, que sintetiza y resume todo, incluso una palabra o sílaba, en fonogramas ininteligibles para otras personas, pero no se desanimen, a la final, no todos los cambios propuestos o impuestos por el uso han sido aceptados por la Real Academia de la Lengua, y para quienes amamos la literatura, siempre habrá alguien, que esté dispuesto a teclear un poco más, en favor de la belleza.
(1) http://www.eldiariofenix.com/content/los-usuarios-de-facebook-en-porcentajes-s%C3%A1cale-rendimiento-la-estad%C3%ADstica
(2) http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/1011/es/image/
(3) http://support.microsoft.com/kb/322198/es